Vocación
por los pobres:
1.- Dios fue preparando a este joven seminarista para el proyecto que
le tenía señalado: no habiendo recibido aún las órdenes
ministeriales, cuando había sido despedido del seminario por una
asonada que había encabezado, conoció la mentira, la calumnia
y la ambición aún en aquellos cercanos a él, como
era su cuñada, casada con su hermano mayor, que veía en
Mariano un posible candidato para apoderarse de la herencia familiar.
Ante esta situación, tan dolorosa y humillante para él,
abrió el Evangelio de Marcos en el capítulo 8, versículos
34 y siguientes, leyó y meditó: "si alguno
quiere seguirme que se despoje de si mismo, tome su cruz y sígame"
Desde ese momento se decidió y escribió al Obispo de
Huesca para que lo recibiera nuevamente en el seminario y lo ordenara
sacerdote.
Se había despojado de una posible carrera civil brillante
en medio de su familia, y haber formado un hogar propio.
2.- Mariano fue descubriendo que no era suficiente despojo evangélico
el ser sacerdote diocesano porque ante él se abrían dignidades
y prebendas y eso satisfacía el orgullo la vanidad y la ambición.
El Evangelio le exigía un despojo mayor: tomó lo necesario
para un viaje y dejó su patria pasando a Francia para pedir ser
admitido en la nueva congregación religiosa fundada por el Arzobispo
Claret.
De esta manera se despojó de su familia, de su patria
y de posibles dignidades.
3.- Desde su postura de religioso dejó en manos de los superiores
que le fueran mostrando los caminos que Dios le tenía proyectado.
Un día de 1873 lo llamó el Superior de los misioneros,
el P. José y Xifré, y le indicó que debía
partir al lejano Chile.
Era un nuevo despojo evangélico: se hacían más
distantes la familia, la patria, talvez para siempre, y debería
vaciarse de su cultura europea para asumir la americana .
4.- Ya en Chile, como misionero recorriendo el país, se dio cuenta
que ese pueblo le estaba pidiendo algo más que su tiempo y su
entrega al trabajo misionero: una cercanía en su modo suave de
ser, para lo cual su carácter de español no le ayudaba.
Este fue el despojo de su propio ser: su carácter, que
era duro y explosivo debió cambiarlo en suave y misericordioso,
muy cercano a los humildes .
Así a lo largo de sus sesenta años de vida, y treinta
como misionero, fue haciendo realidad en su propia vida las palabras
que Jesús dirigió a quienes quisieran seguirle: " si
alguno quiere seguirme que se despoje de si mismo..."
Por Mario Calvo González, cmf.
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