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Pasajes de la vida del Padre Mariano Avellana.  

Ingreso al seminario

Mariano contaba 11 años de vida, y luego de haber vivido su primera infancia en su pueblo natal, es matriculado en el Instituto de Huesca, siendo huésped, en esa localidad, de sus tíos Benito y María. De esa misma época datan audaces travesuras que, en más de una oportunidad, casi le cuestan la vida. Una vez, simulando ser un honorable caballero medieval que rescataba princesas, trepa por las paredes de un castillo y, para vergüenza de sus heroicas ilusiones, fue a caer de bruces a un profundo foso, quedando tan mal herido que incluso algunos de sus pequeños compañeros de juego pensaron que éste había resultado muerto tras el impacto.

En 1858, cumplidos ya los 14 años de edad, el joven fue testigo de un gran fervor patriótico por las guerras internas y externas que se sucedían y multiplicaban en España. Esto también influye en la personalidad del muchacho. Mariano es matriculado en el Seminario de Huesca como alumno externo, al poco tiempo pasa a integrar el club de Los Macabeos, grupo de amigos y buenos estudiantes, pero muy revoltosos, que eran un permanente dolor de cabeza para los venerables rectores del Seminario.

En esta época, en las vacaciones de verano, el mozo iba a su tierra natal de Almudévar, allí aprovechaba para trabajar en faenas agrícolas junto a los campesinos que laboraban las tierras familiares.

En 1861, una vez confirmado en su deseo de seguimiento a Jesús de una manera especial, ingresó al seminario como alumno interno. Por esa misma época, el obispo Basilio Gil pide a los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, que establecieran una comunidad apostólica en Huesca. Este dato debe ser considerado por nosotros de manera especial, pues, de una u otra forma, es el origen de lo que más tarde sería su vinculación a la Congregación, y por ende, lugar donde el santo varón expresaría el ardor y la madurez de su inigualable vocación misionera.

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